lunes, julio 04, 2005

The way that he sings.




Hay noches, especialmente cuando se va la luz, en que añoro la compañía de mi guitarra. Es la forma en que me mira desde la oscuridad; arrumbada, coqueteando desde una esquina, mientras yo la miro como a un libro amarillento de física o de quimica; lo mismo que el chino. Es posible que entre todos esos sueños/pesadillas que tengo constantemente, que no son mas que oleajes enormes, ilusiones, deseos, proyectos, archivos comprimidos en imágenes sin sonido, exista uno que explique todo; aquel en el que melodías grandiosas, que yo toco, que yo compongo y que, lo mas extraño, yo canto en un idioma indescifrable, se escuchan todo el tiempo: un alivio del lenguaje, un logro de la musica.

(¿Por qué suena tan extraño cuando ellos dicen que el mundo se mueve hacia arriba? Es un misterio, tal vez; hay tantas cosas que no puedo entender.)

Lo mas extraño es que no solo la forma en que canto, sino las palabras que digo, una conjunción perfecta de objetos y materiales, como si la madera y el nylon fueran una extensión del cuerpo, y lograr conjunciones tan perfectas llenas de pausas, de voces y de guitarras fuera lo mismo que responder a un impulso tan simple como aplaudir o rascarse la cabeza.

Siempre termino despertando con el brazo entumido, aterrorizado al recordar que minutos antes me encontraba en un callejón inmenso, respondiendo a la mirada de un gato, con un sombrero puesto, como si el mundo se hubiera mudado de casa o el periódico amaneciera con su primera plana en blanco; sin guitarra, sin canción, sin voz, sin sonido, con el recuerdo vago de una vieja canción de radio, de un éxito que repito durante el resto del dia: la misma cancion que compuse en mi sueño.

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